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El intercambio. Tengo lágrimas y sé cómo usarlas.
Decir que Clint Eastwood es el mejor heredero del buen hacer cinematográfico que hay en la actualidad, es tan cierto como decir que Angelina Jolie no está preparada para un papel dramático, aunque nos la presenten en el mejor escenario posible. Escuché hace poco, que en esta película, Angelina busca el Oscar, y vaya que si lo busca. Derrama muchas lágrimas y sobreactua otro tanto, seguramente para evitar la inexpresividad que sufre en la boca por unos labios grotescos y siempre repintados. ¿Alguien ha pensado qué tal estaría Hilary Swank en este papel?
Y es que con otra actriz, la película hubiese ganado muchos enteros. La estética, el ambiente y la textura de todas y cada una de las imágenes son sublimes. En muchos momentos la película da la sensación de ser fría y puramente informativa, con personajes poco profundos y minutos de metraje innecesarios. En otros, llega a emocionar con escenas como la del niño cavando o la de los maltratos a las internas del centro mental, la ejecución…
La película atesora un gran valor historiográfico. Consigue plasmar visión de la vida cotidiana de los años que rodearon al crack del 29 sin que este esté presente en el argumento, simplemente insinuado como un motivo oculto que influye en las reacciones de los personajes.
En definitiva, una gran película con muchos pequeños fallos que se deja ver muy bien.
La ciencia del sueño, una mirada a lo onírico
“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”
Con una película como Eternal sunshine of the spotless mind en su haber y esta vez sin el apoyo del genial giuonista Charlie Kaufman, Michael Gondry desplegó toda su capacidad de crear una estética distinta para cada película sin perder su sello, creando escenas sublimes y mostrando su particular visión del mundo de los sueños a través de un Gael García Bernal que interpreta de forma magistral a alguien que no es capaz de distinguir entre sueñoy realidad.
Gondry viene del mundo del videoclip y aunque no se le puede achacar el vicio de los planos cortos propio de los directores de esta procedencia, tiene la virtud de no decir nada que no sea necesario y cuida al máximo los detalles de cada plano.
De nuevo una historia sencilla que indaga en las profuncidades del subconsciente firmada por el director que mejor retrata lo inmaterial, lo que sólo existe en lo más profundo de nuestras cabezas. El eterno dilema de tratar de distinguir entre realidad y sueño, un tema bastante tratado tanto en filosofía, literatura y cine, relatado con auténtica poesía visual y una delicadeza propia de un autor que cuida al máximo los detalles y domina la perspectiva como nadie. Algunos lo llaman el bisnieto de Meliés, porque nos engaña, nos ilusiona como si fuésemos niños con trucos de cámara, juegos de perspectiva, marionetas de cartón y recursos visuales con los que ningún director actual se atreve a experimentar. El resultado, una película que rezuma lirismo y momentos de gran cine.
