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Panorámica: óscares y demás mandanga

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Bueno, vamos a ver si me centro un poco y os hablo de lo que me ha parecido el resultado de la ceremonia de ayer, a la que, pese a todo, no me invitaron. Trazaré sólo los bordes de mis opiniones para que vosotros podáis ir rellenando los huecos con los colores de las vuestras.

- “Slumdog millionaire”, fabulosa. Acudí a verla sin saber nada de ella, como siempre procuro hacer, y me sobrecogió una historia que te sacude fuerte y flojo de forma alternativa. Estructura narrativa, ambientación, ritmo, interpretaciones… y ese inconfundible difuminado marca Danny Boyle. Que sí, que es la mejor de las cinco. ¿Que son ocho óscares? Pues guay.

- Kate Winslet como mejor actriz principal… Bien. La chica ya ha demostrado que tiene más registros. Así nos lo ha demostrado en “Revolutionary road” y en “The reader”, desarrollando dos papeles de mujer atormentada que han coincidido en nuestros cines y en los que podréis apreciar que casi repite el personaje. Por si no había quedado claro, la chica de “Titanic” se nos ha hecho mayor. Pues nada, que el óscar le sirva cómo incentivo y siga evolucionando, que luego esta gente se estanca en la bipolaridad y no hay quien los saque.

- El guión original para “Milk”. Pues qué queréis que os diga… Mirad, Sean Penn está muy bien, y probablemente merezca el dorado galardón de ayer (y van dos, tras “Mystic River”), pero el guión original… No sé si la habéis visto, así que seré prudente en el destripe, pero ni el “Jesús de Nazaret” de Zefirelli me pareció tan hagiográfico. El guión de “Milk” me pareció brusco en su introducción, simple en su desarrollo y tópico en su desenlace. Vale, fue una historia real, pero me da que demasiado adornada con ese idealismo tontorrón y desfigurativo que impregna y edulcora tantos biopics políticamente correctos hechos a medida del óscar (”Descubriendo nunca jamás” o “Una mente maravillosa”, por citar dos). El mejor guión original de este año, digan lo que digan los académicos, es el de “Wall-E”.

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La duda, sin duda

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Siempre he tenido en la cabeza a Philip Seymour Hoffman como el secundario por excelencia, junto con William H. Macy. Hablaba de él a conocidos y a desconocidos, con lo difícil que es pronunciar su nombre. El noventa por ciento de los encuestados reconocían no ponerle cara ni demás partes del cuerpo y yo sentía desolación. El Oscar por “Capote” (Bennett Miller, 2005) redujo el porcentaje al ochenta y cinco por ciento. Lástima, porque yo sigo en mis trece, y Hoffman lo ratifica a cada película que hace.

De Meryl Streep para qué hablar. Es tan buena que no hace falta sobrevalorarla, y además tiene un bagaje a sus espaldas que la acredita de sobra como una de las grandes.

Ambos dos protagonizan la última propuesta de John Patrick Shanley, “La duda”, que por lo pronto ya aparece cinco veces en las candidaturas de los oscars de este año, y casi se cuela de rondón en la de mejor película y mejor director según apuntaban las últimas quinielas. Al final nos quedamos con mejor actor principal, mejor actriz principal, mejores actrices secundarias y mejor guión adaptado.

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Revolutionary road, El anarka de Sam Mendes

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287392959Al igual que hizo con la genial American Beauty, Sam Mendes hace temblar los cimientos del American way of life con una historia de vidas vacías, tedio y frustración encarnados magníficamente por Leonardo Dicaprio y Kate Winslet que literalmente se comen la pantalla con dos actuaciones magistrales, demostrando una madurez que se intuía en los últimos trabajos que han protagonizado. Porque Mendes en esto de dar collejas a sus paisanos es un verdadero maestro.

Kate y Leo son los Wheeler, apellido que les viene que ni pintado, ya que entre los dos forman una simbólica rueda que gira sobre su eje a través de Revolutionary road tratando de huir del conformismo del sueño americano de casa bonita, niños, césped y vecinos que te traen bizcochos. Son una familia modélica que se empieza a tambalear a raiz de los caprichos y frustraciones de ella, las inseguridades y simpleza de él y la visita de un loco (Michael Shannon) recién salido del manicomio que es el único capaz de ver y decir que “el emperador va desnudo” sacando a la luz toda la mierda de los Wheeler.

Es de vital importancia en la película el marco histórico en que se sitúa. La época de los años cincuenta en la que los Estados Unidos acaban de ganar la segunda guerra mundial. Un periodo de bonanza económica que recubre todo el país de una falsa pátina de euforia y egocentrismo que el mero hecho de pensar en marcharte hace que te tomen por un loco y este loco es April (Kate Winslet) que atrapada por un sentimiento de vacío, tal vez provocado por una carrera frustrada de actriz, decide convencer a su marido de ir a París a empezar de nuevo. Todo esto mientras fuman y beben a falta de drogas más duras para sobrellevar el día a día.

En definitiva, una historia de sentimientos complejos que bucea en lo más profundo de una familia representa el espíritu americano, un país de bellas fachadas e interiores podridos deseando escapar de sí mismo. Ojalá se lleve alguno de los tres Oscar a los que está nomnada.

P.D. Lo he conseguido, no he hablado de Titanic…


El intercambio. Tengo lágrimas y sé cómo usarlas.

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El intercambioDecir que Clint Eastwood es el mejor heredero del buen hacer cinematográfico que hay en la actualidad, es tan cierto como decir que Angelina Jolie no está preparada para un papel dramático, aunque nos la presenten en el mejor escenario posible. Escuché hace poco, que en esta película, Angelina busca el Oscar, y vaya que si lo busca. Derrama muchas lágrimas  y sobreactua otro tanto, seguramente para evitar la inexpresividad que sufre en la boca por unos labios grotescos y siempre repintados. ¿Alguien ha pensado qué tal estaría Hilary Swank en este papel?

Y es que con otra actriz, la película hubiese ganado muchos enteros. La estética, el ambiente y la textura de todas y cada una de las imágenes son sublimes. En muchos momentos la película da la sensación de ser fría y puramente informativa, con personajes poco profundos y minutos de metraje innecesarios. En otros, llega a emocionar con escenas como la del niño cavando o la de los maltratos a las internas del centro mental, la ejecución…

La película atesora un gran valor historiográfico. Consigue plasmar visión de la vida cotidiana de los años que rodearon al crack del 29 sin que este esté presente en el argumento, simplemente insinuado como un motivo oculto que influye en las reacciones de los personajes.

En definitiva, una gran película con muchos pequeños fallos que se deja ver muy bien.