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El intercambio. Tengo lágrimas y sé cómo usarlas.

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El intercambioDecir que Clint Eastwood es el mejor heredero del buen hacer cinematográfico que hay en la actualidad, es tan cierto como decir que Angelina Jolie no está preparada para un papel dramático, aunque nos la presenten en el mejor escenario posible. Escuché hace poco, que en esta película, Angelina busca el Oscar, y vaya que si lo busca. Derrama muchas lágrimas  y sobreactua otro tanto, seguramente para evitar la inexpresividad que sufre en la boca por unos labios grotescos y siempre repintados. ¿Alguien ha pensado qué tal estaría Hilary Swank en este papel?

Y es que con otra actriz, la película hubiese ganado muchos enteros. La estética, el ambiente y la textura de todas y cada una de las imágenes son sublimes. En muchos momentos la película da la sensación de ser fría y puramente informativa, con personajes poco profundos y minutos de metraje innecesarios. En otros, llega a emocionar con escenas como la del niño cavando o la de los maltratos a las internas del centro mental, la ejecución…

La película atesora un gran valor historiográfico. Consigue plasmar visión de la vida cotidiana de los años que rodearon al crack del 29 sin que este esté presente en el argumento, simplemente insinuado como un motivo oculto que influye en las reacciones de los personajes.

En definitiva, una gran película con muchos pequeños fallos que se deja ver muy bien.


Afganistán por partida doble

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Porque dos de las tres películas que me compré ayer trataban de la guerra de Afganistán. Y sin proponérmelo, oigan. “Cometas en el cielo” y “La guerra de Charlie Wilson”. Dos musthave y yo en babia, hasta ayer mismo y gracias una oferta de El Corte Inglés y a que sigo siendo el idiota que no se baja películas.

De “Cometas en el cielo” ya está todo dicho, pero no por mí, así que deberíais saber que de Marc Forster sólo había visto “Descubriendo nunca jamás”, uno de los biopics más edulcorados que ha parido la factoría mágica del país de la piruleta. Esta vez, una bonita historia de amistad entre dos niños separados por la guerra rusoafgana que pudo ser de matrícula y se queda en sobresaliente alto (la historia, no la guerra). Durante toda la película no pude evitar una sensación de tener que ir de la mano de alguien del que no terminas de fiarte. Y no es que te lleve mal; es que cada vez toma un camino distinto. Alguien capaz de rodar “Descubriendo nunca jamás”, “Monster’s ball”, “Cometas en el cielo” y “Quantum of solace” puede ser muy versátil o no haber encontrado aún su sitio. Que cada uno decida. Justo es remarcar una buena dirección de actores y actrices, buenos movimientos de cámara y un guión que, pese a haber podido dar más de sí, funciona.

Sin embargo, “La guerra de Charlie Wilson” pasó más inadvertida. O eso me da a mí. Es normal. Imaginemos una película sobre Don Gregorio Peces Barba estrenada en Estados Unidos. Pues eso. Me ha gustado. Tom Hanks lo hace bien; Julia Roberts, en su papel de conservadora tejana religiosa potentada, mejor; y Philip Seymour Hoffman, mejor que los dos juntos. Una película tristemente hilarante, sobre los escrúpulos o la falta de ellos en la política en general, en la norteamericana en particular y en la norteamericana en la guerra afgana en más particular. Porque luego vaya usted a saber, pero el cartelito dice que es una historia basada en hechos reales. Eso sí, a no ser que vuestras tesis doctorales versen sobre el papel decisivo del congresista Wilson en los conflictos armados de Oriente Medio, se os quedará un regustillo como de haberos perdido más del doble de la mitad de la película.

La tercera peli es “Tierras de penumbra”. La veré mañana, seguramente. La volveré a ver. Esa se merece un blog aparte, pero me conformaré con dedicarle un post.


La ciencia del sueño, una mirada a lo onírico

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10551-medium“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”

Con una película como Eternal sunshine of the spotless mind en su haber y esta vez sin el apoyo del genial giuonista Charlie Kaufman, Michael Gondry desplegó toda su capacidad de crear una estética distinta para cada película sin perder su sello, creando escenas sublimes y mostrando su particular visión del mundo de los sueños a través de un Gael García Bernal que interpreta de forma magistral a alguien que no es capaz de distinguir entre sueñoy realidad.

Gondry viene del mundo del videoclip y aunque no se le puede achacar el vicio de los planos cortos propio de los directores de esta procedencia, tiene la virtud de no decir nada que no sea necesario y cuida al máximo los detalles de cada plano.

De nuevo una historia sencilla que indaga en las profuncidades del subconsciente firmada por el director que mejor retrata lo inmaterial, lo que sólo existe en lo más profundo de nuestras cabezas. El eterno dilema de tratar de distinguir entre realidad y sueño, un tema bastante tratado tanto en filosofía, literatura y cine, relatado con auténtica poesía visual y una delicadeza propia de un autor que cuida al máximo los detalles y domina la perspectiva como nadie. Algunos lo llaman el bisnieto de Meliés, porque nos engaña, nos ilusiona como si fuésemos niños con trucos de cámara, juegos de perspectiva, marionetas de cartón y recursos visuales con los que ningún director actual se atreve a experimentar. El resultado, una película que rezuma lirismo y momentos de gran cine.


My blueberry nights

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Qué os voy a contar de Wong Kar Wai que no sepa yo ya. Que se cuenta entre los mejores directores de cine asiático; que su perfeccionismo impregna cada uno de los fotogramas de sus películas; que pone en lo que hace el cariño de todo lo que quiere; que habla como nadie del desamor, o del no-amor; que junto con Christopher Doyle forma un tándem que Dios nos conserve muchos años; que es el referente de Tarantino, Almodóvar o Isabel Coixet; que no se desprende nunca de sus pequeñas gafas de sol cuadradas… Y que, con el posillo de sabidurida oriental que da el hecho de haber visto todas sus películas, a excepción de “Ashes of time”, puedo afirmar y afirmo que “My blueberry nights” me ha dejado un sabor de boca que, de puro chino, casi se torna agridulce.

En “My blueberry nights”, su primera película con actores occidentales (“Happy together” no cuenta: aparecían argentinos, pero Tony Leung y Leslie Cheung eran tan orientales como sus apellidos), se aprecia un ligero decrecendo en el ritmo y, por qué no, un empañamiento en el resultado final. Desde los tremendos primeros minutos, con Jude Law y Norah Jones rodados en interior (con su famosa cámara espía que se sitúa siempre desde ángulos que convierten al espectador más en cómplice mudo que en mero asistente), vamos cayendo suavemente por una pendiente que remonta de vez en cuando a modo de montaña rusa infantil, sin grandes sobresaltos, muy al modo oriental.

No es la deyección que muchos han creído ver en ella, pero dista de la categoría cinematográfica de producciones como las que forman su famosa trilogía apócrifa o falseada (“Days of being wild”, “In the mood for love” y “2046″). No mucho, pero dista. Quizá sea que a Norah Jones, el eje (o la eja, por si las Aídos), le falta el carisma que derrochan sus otras musas, con Maggie Cheung o Gong Li a la cabeza. O que Natalie Portman evoque vagamente a Sharon Stone en plena road movie, además de haber acabado resultándome casi antipática. O que no suenen boleros. No sé. Con un añadido curioso: por momentos, parece que el maestro se convierte en discípulo y algunos fotogramas son casi casi sacados de las primeras películas de la Coixet (hay una conversación entre Jude Law y Cat Power que recuerda muy muchísimo a “Cosas que nunca te dije”).

En cualquier caso, una película que merece la pena ver. Una película con humo, lágrimas, dolor y bocados de realidad, de más desamores que amores, bajo cuyo aparente letargo rítmico sigue fluyendo el genio de Wong Kar Wai, al que amé, amo y seguiré amando mientras no se convierta al norteamericanismo y ruede la tercera película sobre Hulk.

Vale.


George Meliés y The Smashing Pumpkins

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Corría el año 1902 cuando George Meliés creó la que se puede considerar la primera obra maestra del cine de ciencia ficción. Este sujeto, antes de cineasta, era ilusionista en salas de variedades, característica que le proporcionaba una amplia ventaja a la hora de sorprender a los espectadores de la época con efectos especiales, ilusiones, trucos de cámara de los cuales fue pionero. No sé si os dáis cuenta de la magnitud de la palabra pionero en este caso, pero crear efectos especiales a principios de siglo, os puedo asegurar que no era nada fácil.

Noventa y tres años más tarde, Billy Corgan y su grupo The Smashing Pumpkins grabaron su disco más importante Mellon Collie and the infinite sadness llevando a los límites el movimiento grunge que estaba en plena decadencia por la muerte de Kurt Cobain, por lo que no se si este disco se puede considerar grunge. En este disco se encuentra un tema llamado Tonight, Tonight cuyo video recuerda y mucho al viaje a la luna que produjo el mago Meliés. Poned al máximo el volumen de los altavoces y disfrutad de estas dos maravillas.

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En este video vemos un trozo de la película original de Meliés con la música del video anterior.

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