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La duda, sin duda El luchador, hola Mickey Rourke, ¿ Conoces Call of duty 4 ?

The reader

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Fiel a mis costumbres, persigo a las cinco películas candidatas al oscar donde quiera que vayan. Hasta el día de hoy había visto “Milk”, insolentemente hagiográfica; “El curioso caso de Benjamin Button”, una revisión de “Big Fish” a lo Fincher y con extra de maquillaje para que quede más jugosa; y “Frost/Nixon”, convincente, simple y, para muchos, demasiado humana (o humanizadora). A falta de “Slumdog millionaire”, hoy le ha tocado a “The reader”, la última propuesta de Stephen Daldry (responsable de “Billy Elliot” y “Las horas”).

El argumento es relativamente simple. En el Berlín del sesenta y seis, Michael Berg (David Kross), un joven alemán de familia pudiente, entabla una relación sexual-afectivo -en ese orden- con Hannah Schmitz (Kate Winslet), posteriormente implicada en un proceso por haber pertenecido a la sección femenina de las SS en la Alemania nazi. Al pleito asistirá Michael en calidad de estudiante de Derecho distante ya, al menos aparentemente, de Hannah. Y hasta ahí puedo leer.

No sabría cómo empezar, es decir, que lo haré por el final: he salido del cine casi más frío de lo que entré, lo cual me lleva a pensar que, o me estoy muriendo por dentro a lo Chandler, o “The reader” tiene mucho de ejercicio rocambolesco de pseudoprofundidad introspectiva y no tanto de autenticidad. Porque, si hay algo que precisamente se echa en falta en lo último de Daldry es eso: la autenticidad y la verosimilitud. La relación entre Hannah y Michael está desdibujada. Durante la primera parte, las escenas de cama y un conjunto de frases tan resultonas como vacuas resultan presuntas encubridoras de la falta de capacidad para adentrarnos en las personalidades de los protagonistas. Esa carencia será crucial a la hora de seguir el resto de la película. Si el boceto aparece difuso, el conjunto será borroso.

Y así ocurre. La fase intermedia (universidad y juicio) es, casi sin lugar a dudas, innecesaria. Y los últimos intentos estertóricos del director para dar giros de guión que impacten emocionalmente al espectador llegan tarde, porque a esas alturas yo, por lo menos, ya no me lo creo.

Esto quedaría incompleto sin una alusión, siquiera somera, a las interpretaciones. Tan somera que me dará sólo para hablar de Kate Winslet, a la que todos toman por demostración palpable de la teoría de la evolución de las actrices. Kate no pierde la oportunidad de mostrar su registro más oscuro, pero, muy probablemente debido a la planicie psicológica del personaje, no llega a conmover. No la culpo. Veremos cómo sigue.

A Daldry, aprobado por los pelos. “Billy Elliot” me divirtió y emocionó; “Las horas” me convenció de que podía bastante más que divertir y emocionar. “The reader” le ha hecho retroceder una casilla y le ha valido la candidatura. Allá él.

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