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Camino Goyesco The reader

La duda, sin duda

1 comentario

Siempre he tenido en la cabeza a Philip Seymour Hoffman como el secundario por excelencia, junto con William H. Macy. Hablaba de él a conocidos y a desconocidos, con lo difícil que es pronunciar su nombre. El noventa por ciento de los encuestados reconocían no ponerle cara ni demás partes del cuerpo y yo sentía desolación. El Oscar por “Capote” (Bennett Miller, 2005) redujo el porcentaje al ochenta y cinco por ciento. Lástima, porque yo sigo en mis trece, y Hoffman lo ratifica a cada película que hace.

De Meryl Streep para qué hablar. Es tan buena que no hace falta sobrevalorarla, y además tiene un bagaje a sus espaldas que la acredita de sobra como una de las grandes.

Ambos dos protagonizan la última propuesta de John Patrick Shanley, “La duda”, que por lo pronto ya aparece cinco veces en las candidaturas de los oscars de este año, y casi se cuela de rondón en la de mejor película y mejor director según apuntaban las últimas quinielas. Al final nos quedamos con mejor actor principal, mejor actriz principal, mejores actrices secundarias y mejor guión adaptado.

La trama se desarrolla en el colegio católico de San Nicolás, sito en el Bronx, en el año 1964. Soplan aires de cambio en la Iglesia católica (no está de más recordar que el Vaticano II había comenzado en 1962 para concluir en 1965), y la hermana Aloysius (Meryl Streep), madre superiora, férrea, rígida y anclada en Trento, cuanto menos, recela del capellán del colegio, padre Flynn (Seymour Hoffman), al que considera poco menos que revolucionario. Será una tercera en discordia, la hermana James (Amy Adams), inexperta y un tanto perdida, la que prenda la mecha: basta un comentario sobre las “atenciones especiales” que el sacerdote prodiga a Donald Miller, el primer y único niño negro del colegio. Poco más se puede añadir sin spoilear indiscriminadamente. Dudas, testimonios, escaramuzas, comentarios, miradas y sospechas entretejen una trama que va adquiriendo mayor carga de tensión conforme avanza el metraje.

La (presunta) pederastia, al estrado en la gran pantalla sin recursos fáciles a lo truculento. Una historia sólidamente construida sobre los dos protagonistas y las dos secundarias (Amy Adams llega en ocasiones incluso a solaparlos en algún ménage à trois en el que Meryl y Philip acusan un poquito de histrionismo de más; y Viola Davis, que encarna a la madre de Donald, opta a una estatuilla con tan sólo diez minutos en escena). No hace falta más. El carácter teatral de la cinta queda patente en el rodaje mayoritario en interiores, con recurrentes planos oblicuos que facilitan la sensación de desasosiego en el espectador.

Como ocurre con la que es, a mi modo de ver, gran precursora de este subgénero del cine dramático, “La calumnia” (William Wyler, 1962), no son necesarios los fuegos de artificio para mantener la atención y dejarnos pegados al asiento durante la hora y media larga de duda constante. Duda que, dejando a salvo algunos detalles menores, no ha lugar en este contexto si hablamos de calidad y de buen cine.

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  1. Pues yo sí tengo mis dudas. Te remito a mi post http://lacomunidad.elpais.com/desde-algun-lugar-del-mediterraneo/2009/4/29/dos-peliculas
    Me parece una película demasiado lineal y demasiado darle vueltas a lo mismo una y otra vez. Me cansa.

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