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La ciencia del sueño, una mirada a lo onírico El intercambio. Tengo lágrimas y sé cómo usarlas.

Afganistán por partida doble

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Porque dos de las tres películas que me compré ayer trataban de la guerra de Afganistán. Y sin proponérmelo, oigan. “Cometas en el cielo” y “La guerra de Charlie Wilson”. Dos musthave y yo en babia, hasta ayer mismo y gracias una oferta de El Corte Inglés y a que sigo siendo el idiota que no se baja películas.

De “Cometas en el cielo” ya está todo dicho, pero no por mí, así que deberíais saber que de Marc Forster sólo había visto “Descubriendo nunca jamás”, uno de los biopics más edulcorados que ha parido la factoría mágica del país de la piruleta. Esta vez, una bonita historia de amistad entre dos niños separados por la guerra rusoafgana que pudo ser de matrícula y se queda en sobresaliente alto (la historia, no la guerra). Durante toda la película no pude evitar una sensación de tener que ir de la mano de alguien del que no terminas de fiarte. Y no es que te lleve mal; es que cada vez toma un camino distinto. Alguien capaz de rodar “Descubriendo nunca jamás”, “Monster’s ball”, “Cometas en el cielo” y “Quantum of solace” puede ser muy versátil o no haber encontrado aún su sitio. Que cada uno decida. Justo es remarcar una buena dirección de actores y actrices, buenos movimientos de cámara y un guión que, pese a haber podido dar más de sí, funciona.

Sin embargo, “La guerra de Charlie Wilson” pasó más inadvertida. O eso me da a mí. Es normal. Imaginemos una película sobre Don Gregorio Peces Barba estrenada en Estados Unidos. Pues eso. Me ha gustado. Tom Hanks lo hace bien; Julia Roberts, en su papel de conservadora tejana religiosa potentada, mejor; y Philip Seymour Hoffman, mejor que los dos juntos. Una película tristemente hilarante, sobre los escrúpulos o la falta de ellos en la política en general, en la norteamericana en particular y en la norteamericana en la guerra afgana en más particular. Porque luego vaya usted a saber, pero el cartelito dice que es una historia basada en hechos reales. Eso sí, a no ser que vuestras tesis doctorales versen sobre el papel decisivo del congresista Wilson en los conflictos armados de Oriente Medio, se os quedará un regustillo como de haberos perdido más del doble de la mitad de la película.

La tercera peli es “Tierras de penumbra”. La veré mañana, seguramente. La volveré a ver. Esa se merece un blog aparte, pero me conformaré con dedicarle un post.

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