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Michael Haneke Consigue la palma de oro en Cannes por White Ribbon

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El director austriaco artífice de películas como Cache, Funny Games (ambas versiones) o La pianista, nos sorprende ahora con una película sobre los orígenes del fascismo que ha cosechado un cúmulo de elogios, aplausos y buenas críticas en el festival francés.

Los que seguimos la carrera de Haneke, esperamos un paso más en la profundización del alma humana vista desde una perspectiva que busca la raiz del mal y reflexiona sobre los instintos más oscuros de la mente, como ya ha hecho a lo largo de su carrera.
Enmarcada en la gestación de la primera guerra mundial, en una pacífica villa alemana donde se suceden diversos actos violentos, vamos a ser partícipes de una más que turbadora historia contada con imágenes de muy bella factura, con un estilo visual propio que llega a hipnotizar y que te hace estar muy cerca de la degeneración interna del ser humano.


Panorámica: óscares y demás mandanga

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Bueno, vamos a ver si me centro un poco y os hablo de lo que me ha parecido el resultado de la ceremonia de ayer, a la que, pese a todo, no me invitaron. Trazaré sólo los bordes de mis opiniones para que vosotros podáis ir rellenando los huecos con los colores de las vuestras.

- “Slumdog millionaire”, fabulosa. Acudí a verla sin saber nada de ella, como siempre procuro hacer, y me sobrecogió una historia que te sacude fuerte y flojo de forma alternativa. Estructura narrativa, ambientación, ritmo, interpretaciones… y ese inconfundible difuminado marca Danny Boyle. Que sí, que es la mejor de las cinco. ¿Que son ocho óscares? Pues guay.

- Kate Winslet como mejor actriz principal… Bien. La chica ya ha demostrado que tiene más registros. Así nos lo ha demostrado en “Revolutionary road” y en “The reader”, desarrollando dos papeles de mujer atormentada que han coincidido en nuestros cines y en los que podréis apreciar que casi repite el personaje. Por si no había quedado claro, la chica de “Titanic” se nos ha hecho mayor. Pues nada, que el óscar le sirva cómo incentivo y siga evolucionando, que luego esta gente se estanca en la bipolaridad y no hay quien los saque.

- El guión original para “Milk”. Pues qué queréis que os diga… Mirad, Sean Penn está muy bien, y probablemente merezca el dorado galardón de ayer (y van dos, tras “Mystic River”), pero el guión original… No sé si la habéis visto, así que seré prudente en el destripe, pero ni el “Jesús de Nazaret” de Zefirelli me pareció tan hagiográfico. El guión de “Milk” me pareció brusco en su introducción, simple en su desarrollo y tópico en su desenlace. Vale, fue una historia real, pero me da que demasiado adornada con ese idealismo tontorrón y desfigurativo que impregna y edulcora tantos biopics políticamente correctos hechos a medida del óscar (”Descubriendo nunca jamás” o “Una mente maravillosa”, por citar dos). El mejor guión original de este año, digan lo que digan los académicos, es el de “Wall-E”.

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The reader

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Fiel a mis costumbres, persigo a las cinco películas candidatas al oscar donde quiera que vayan. Hasta el día de hoy había visto “Milk”, insolentemente hagiográfica; “El curioso caso de Benjamin Button”, una revisión de “Big Fish” a lo Fincher y con extra de maquillaje para que quede más jugosa; y “Frost/Nixon”, convincente, simple y, para muchos, demasiado humana (o humanizadora). A falta de “Slumdog millionaire”, hoy le ha tocado a “The reader”, la última propuesta de Stephen Daldry (responsable de “Billy Elliot” y “Las horas”).

El argumento es relativamente simple. En el Berlín del sesenta y seis, Michael Berg (David Kross), un joven alemán de familia pudiente, entabla una relación sexual-afectivo -en ese orden- con Hannah Schmitz (Kate Winslet), posteriormente implicada en un proceso por haber pertenecido a la sección femenina de las SS en la Alemania nazi. Al pleito asistirá Michael en calidad de estudiante de Derecho distante ya, al menos aparentemente, de Hannah. Y hasta ahí puedo leer.

No sabría cómo empezar, es decir, que lo haré por el final: he salido del cine casi más frío de lo que entré, lo cual me lleva a pensar que, o me estoy muriendo por dentro a lo Chandler, o “The reader” tiene mucho de ejercicio rocambolesco de pseudoprofundidad introspectiva y no tanto de autenticidad. Porque, si hay algo que precisamente se echa en falta en lo último de Daldry es eso: la autenticidad y la verosimilitud. La relación entre Hannah y Michael está desdibujada. Durante la primera parte, las escenas de cama y un conjunto de frases tan resultonas como vacuas resultan presuntas encubridoras de la falta de capacidad para adentrarnos en las personalidades de los protagonistas. Esa carencia será crucial a la hora de seguir el resto de la película. Si el boceto aparece difuso, el conjunto será borroso.

Y así ocurre. La fase intermedia (universidad y juicio) es, casi sin lugar a dudas, innecesaria. Y los últimos intentos estertóricos del director para dar giros de guión que impacten emocionalmente al espectador llegan tarde, porque a esas alturas yo, por lo menos, ya no me lo creo.

Esto quedaría incompleto sin una alusión, siquiera somera, a las interpretaciones. Tan somera que me dará sólo para hablar de Kate Winslet, a la que todos toman por demostración palpable de la teoría de la evolución de las actrices. Kate no pierde la oportunidad de mostrar su registro más oscuro, pero, muy probablemente debido a la planicie psicológica del personaje, no llega a conmover. No la culpo. Veremos cómo sigue.

A Daldry, aprobado por los pelos. “Billy Elliot” me divirtió y emocionó; “Las horas” me convenció de que podía bastante más que divertir y emocionar. “The reader” le ha hecho retroceder una casilla y le ha valido la candidatura. Allá él.


Revolutionary road, El anarka de Sam Mendes

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287392959Al igual que hizo con la genial American Beauty, Sam Mendes hace temblar los cimientos del American way of life con una historia de vidas vacías, tedio y frustración encarnados magníficamente por Leonardo Dicaprio y Kate Winslet que literalmente se comen la pantalla con dos actuaciones magistrales, demostrando una madurez que se intuía en los últimos trabajos que han protagonizado. Porque Mendes en esto de dar collejas a sus paisanos es un verdadero maestro.

Kate y Leo son los Wheeler, apellido que les viene que ni pintado, ya que entre los dos forman una simbólica rueda que gira sobre su eje a través de Revolutionary road tratando de huir del conformismo del sueño americano de casa bonita, niños, césped y vecinos que te traen bizcochos. Son una familia modélica que se empieza a tambalear a raiz de los caprichos y frustraciones de ella, las inseguridades y simpleza de él y la visita de un loco (Michael Shannon) recién salido del manicomio que es el único capaz de ver y decir que “el emperador va desnudo” sacando a la luz toda la mierda de los Wheeler.

Es de vital importancia en la película el marco histórico en que se sitúa. La época de los años cincuenta en la que los Estados Unidos acaban de ganar la segunda guerra mundial. Un periodo de bonanza económica que recubre todo el país de una falsa pátina de euforia y egocentrismo que el mero hecho de pensar en marcharte hace que te tomen por un loco y este loco es April (Kate Winslet) que atrapada por un sentimiento de vacío, tal vez provocado por una carrera frustrada de actriz, decide convencer a su marido de ir a París a empezar de nuevo. Todo esto mientras fuman y beben a falta de drogas más duras para sobrellevar el día a día.

En definitiva, una historia de sentimientos complejos que bucea en lo más profundo de una familia representa el espíritu americano, un país de bellas fachadas e interiores podridos deseando escapar de sí mismo. Ojalá se lleve alguno de los tres Oscar a los que está nomnada.

P.D. Lo he conseguido, no he hablado de Titanic…


Afganistán por partida doble

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Porque dos de las tres películas que me compré ayer trataban de la guerra de Afganistán. Y sin proponérmelo, oigan. “Cometas en el cielo” y “La guerra de Charlie Wilson”. Dos musthave y yo en babia, hasta ayer mismo y gracias una oferta de El Corte Inglés y a que sigo siendo el idiota que no se baja películas.

De “Cometas en el cielo” ya está todo dicho, pero no por mí, así que deberíais saber que de Marc Forster sólo había visto “Descubriendo nunca jamás”, uno de los biopics más edulcorados que ha parido la factoría mágica del país de la piruleta. Esta vez, una bonita historia de amistad entre dos niños separados por la guerra rusoafgana que pudo ser de matrícula y se queda en sobresaliente alto (la historia, no la guerra). Durante toda la película no pude evitar una sensación de tener que ir de la mano de alguien del que no terminas de fiarte. Y no es que te lleve mal; es que cada vez toma un camino distinto. Alguien capaz de rodar “Descubriendo nunca jamás”, “Monster’s ball”, “Cometas en el cielo” y “Quantum of solace” puede ser muy versátil o no haber encontrado aún su sitio. Que cada uno decida. Justo es remarcar una buena dirección de actores y actrices, buenos movimientos de cámara y un guión que, pese a haber podido dar más de sí, funciona.

Sin embargo, “La guerra de Charlie Wilson” pasó más inadvertida. O eso me da a mí. Es normal. Imaginemos una película sobre Don Gregorio Peces Barba estrenada en Estados Unidos. Pues eso. Me ha gustado. Tom Hanks lo hace bien; Julia Roberts, en su papel de conservadora tejana religiosa potentada, mejor; y Philip Seymour Hoffman, mejor que los dos juntos. Una película tristemente hilarante, sobre los escrúpulos o la falta de ellos en la política en general, en la norteamericana en particular y en la norteamericana en la guerra afgana en más particular. Porque luego vaya usted a saber, pero el cartelito dice que es una historia basada en hechos reales. Eso sí, a no ser que vuestras tesis doctorales versen sobre el papel decisivo del congresista Wilson en los conflictos armados de Oriente Medio, se os quedará un regustillo como de haberos perdido más del doble de la mitad de la película.

La tercera peli es “Tierras de penumbra”. La veré mañana, seguramente. La volveré a ver. Esa se merece un blog aparte, pero me conformaré con dedicarle un post.


La ciencia del sueño, una mirada a lo onírico

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10551-medium“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”

Con una película como Eternal sunshine of the spotless mind en su haber y esta vez sin el apoyo del genial giuonista Charlie Kaufman, Michael Gondry desplegó toda su capacidad de crear una estética distinta para cada película sin perder su sello, creando escenas sublimes y mostrando su particular visión del mundo de los sueños a través de un Gael García Bernal que interpreta de forma magistral a alguien que no es capaz de distinguir entre sueñoy realidad.

Gondry viene del mundo del videoclip y aunque no se le puede achacar el vicio de los planos cortos propio de los directores de esta procedencia, tiene la virtud de no decir nada que no sea necesario y cuida al máximo los detalles de cada plano.

De nuevo una historia sencilla que indaga en las profuncidades del subconsciente firmada por el director que mejor retrata lo inmaterial, lo que sólo existe en lo más profundo de nuestras cabezas. El eterno dilema de tratar de distinguir entre realidad y sueño, un tema bastante tratado tanto en filosofía, literatura y cine, relatado con auténtica poesía visual y una delicadeza propia de un autor que cuida al máximo los detalles y domina la perspectiva como nadie. Algunos lo llaman el bisnieto de Meliés, porque nos engaña, nos ilusiona como si fuésemos niños con trucos de cámara, juegos de perspectiva, marionetas de cartón y recursos visuales con los que ningún director actual se atreve a experimentar. El resultado, una película que rezuma lirismo y momentos de gran cine.


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